Una tradición milenaria siempre vigente
La tisana forma parte de las prácticas de salud natural más antiguas conocidas. Los egipcios ya infusionaban flores y raíces para cuidar el cuerpo, mientras que los griegos y los romanos utilizaban las plantas para favorecer la digestión, el sueño o la vitalidad.
Aunque nuestros hábitos han evolucionado, el principio sigue siendo el mismo: extraer mediante agua caliente los principios activos, los aromas y los beneficios de las plantas.
A cada planta, sus beneficios
Descubra los beneficios de los ingredientes estrella de las tisanas y aprenda a cuidarse gracias a las plantas.
A cada planta, sus beneficios
Las virtudes de una tisana dependen ante todo de las plantas que la componen. Cada ingrediente posee propiedades específicas.
El hibisco es apreciado por sus efectos drenantes y su sabor ácido. Una infusión a base de hibisco se disfruta con gusto después de las comidas o como bebida refrescante en verano.
La menta ayuda a aliviar la hinchazón, relaja los músculos digestivos y proporciona una sensación de frescor inmediato, ideal al final de la comida.
La manzanilla, la melisa o la verbena favorecen la relajación y acompañan las rutinas nocturnas. Por el contrario, el jengibre aporta una nota más estimulante, perfecta al despertar.
Infusiones para mujeres embarazadas
Sin teína, las infusiones son ideales para las mujeres embarazadas. Permiten hidratarse durante todo el día al tiempo que ofrecen pausas golosas.
Se recomienda priorizar la menta, la melisa, el jengibre, el frambueso o el rooibos. En cambio, algunas plantas deben evitarse durante el embarazo, como la salvia, el ginseng, el regaliz, la artemisa o el aloe vera.
Después del parto, una mezcla a base de anís puede ser favorable para la lactancia.
¿Cuándo se debe beber una tisana?
El momento de consumo desempeña un papel clave. Por la mañana, se eligen plantas estimulantes como el jengibre o infusiones afrutadas.
Después del almuerzo, las plantas digestivas ayudan a aliviar la pesadez. La tarde se presta a las tisanas golosas, mientras que la noche es ideal para las mezclas relajantes como la verbena o la manzanilla.
El rooibos, sin teína, se adapta a todos los momentos del día.
El rooibos, una mezcla sabrosa
La dulzura natural del rooibos se aprecia desde hace varios siglos. Su preparación es sencilla:
Caliente el agua a 85–90 °C.
Vierta dos cucharaditas de rooibos por litro de agua.
Deje infusionar de 3 a 4 minutos.
Sirva caliente o frío.
3 consejos para preparar su infusión
Prepare una tisana fría infusionándola en caliente y dejándola enfriar antes de refrigerarla durante unas horas.
La decocción permite extraer los principios activos de las raíces o cortezas hirviéndolas durante unos diez minutos.
Personalice su infusión con miel, limón o azúcar moreno para adaptar el sabor a sus gustos.
Variar los placeres y las preparaciones
Las tisanas frías son una alternativa saludable a las bebidas azucaradas industriales.
La decocción se aplica a las partes más duras de las plantas para extraer sus beneficios en profundidad. Un chorrito de miel, una rodaja de limón o una especia bastan para transformar cada taza en un auténtico ritual personal.
Y usted, ¿cómo prepara su tisana?


